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VERTIGO – INFECCIONES Laberintitis

Definición

La infección aguda del laberinto por virus o bacterias puede producir síntomas de

vértigo e hipoacusia. Es importante considerar que el término laberintitis se reserva para

las infecciones que cursan con hipoacusia y síntomas vestibulares. La viral es secundaria

a una virosis sistémica. La bacteriana se presenta como complicación de meningitis

u otitis media.

incidencia y datos epidemiológicos

La laberintitis bacteriana secundaria a meningitis representa hasta 33 % de los casos

de hipoacusia adquirida posnatal. La disminución de la audición sucede en alrededor

de 10% de los niños con meningitis.2 4 8 3 La bacteriana es menos común en adultos,

y la laberintitis secundaria se presenta con menor frecuencia en adultos que en niños.

La otitis media supurada es una causa más rara de laberintitis.

La laberintitis viral sucede como parte de una virosis multisistémica (p. ej., rubéola,

sarampión, parotiditis, herpes zoster, CMV). En todos esos casos la hipoacusia es un

síntoma mucho más común de afección laberíntica que el vértigo. En adultos, la hipoacusia

neurosensorial súbita, que con mayor frecuencia tiene origen viral, tiene una

incidencia de 1/10000; 40% de este grupo de pacientes manifiesta vértigo y desequilibrio

además de hipoacusia.

Microbiología

En niños, la meningitis bacteriana es causada con mayor frecuencia por Streptococcus

pneumoniae, Neisseria meningitidis y Haemophilus influenzae. En adultos,

neumococo es el microbio patógeno más común. La laberintitis secundaria a otitis media

aguda es causada por S. pneumoniae, H. influenzae o Branhamella catarhalis. Cuando

cursa con otitis media crónica secundaria, con erosión laberíntica inducida por colesteatoma

(fístula perilaberíntica) son más frecuentes los microorganismos gramnegativos.

En raros casos los hongos pueden invadir el oído (p. ej., criptococos) por lo común

en caso de depresión inmunitaria sistémica.

Histopatologia

Las bacterias se diseminan hacia el laberinto desde el sistema nervioso central

(SNC) a través del conducto auditivo interno y el acueducto coclear. Las infecciones

bacterianas producen un infiltrado inflamatorio dentro de los compartimentos hídricos

del oído interno, con destrucción subsecuente de los constituyentes celulares. Durante

la fase de cicatrización, se forma tejido fibroso con osteoneogénesis subsecuente. Las

consecuencias de la infección viral son más variables, según la afinidad del virus

infectante en tipos celulares particulares.

Manifestaciones clínicas

La laberintitis bacteriana se manifiesta con hipoacusia súbita y vértigo que dura

días. Por lo común la hipoacusia es de grave a profunda y permanente. Conforme cede

el vértigo, el paciente queda con desequilibrio postural de duración variable, característico

de pérdida vestibular no compensada. La alteración del estado mental en un

paciente meningítico puede ocultar el vértigo. En casos de diseminación de bacterias

al oído medio desde el laberinto, el examen otológico confirma la otitis media aguda o

colesteatoma. La valoración en la cama del enfermo concuerda con hipoacusia neurosensorial

pura en caso de meningitis, y pérdida mixta en laberintitis otógena. Los tipos

de nistagmo concuerdan con una lesión irritativa periférica o más comúnmente parésica.

Por lo común la laberintitis viral se manifiesta como una declinación súbita en la

audición, de grado variable, y con vértigo. Sus efectos en el oído interno pueden ser

menos uniformemente graves que los observados en laberintitis bacteriana. La observación

de vesículas, sobre todo con otalgia en esta situación clínica, bastaría para

sospechar síndrome de Ramsey Hunt.

Estudios

Los pacientes con meningitis requieren un estudio médico apropiado que por lo

común incluye punción lumbar. Está indicada CT en casos de otitis media crónica con

coleasteatoma, para averiguar la magnitud de la lesión y como auxiliar en la planificación

quirúrgica. Hay que solicitar cultivo de la otorrea en casos de otitis media para identificar

la cobertura apropiada con antibióticos. En casos de presunta laberintitis viral,

está indicada MR para descartar enfermedad retrococlear. También debe hacerse valoración

audiométrica en todos los casos de laberintitis, para comprobar el grado de hipoacusia.

Pueden obtenerse pruebas vestibulares cuando el paciente se encuentra estable.

Tratamiento

La laberintitis bacteriana secundaria a meningitis es tratada con antibióticos parenterales

y corticosteroides. Los estudios indican que éstos administrados como profilác-

ticos en todos los niños con meningitis pueden disminuir la incidencia de hipoacusia

posmeningítica.

La laberintitis secundaria a otitis media aguda se trata con antibióticos parenterales,

corticosteroides y miringotomía y drenaje del oído. La secundaria a otitis media

crónica con coleasteatoma requiere farmacoterapia similar y realización de mastoidectomía.

También puede considerarse tratamiento antiviral en caso de herpes zoster ótico.

Pronóstico

Las infecciones bacterianas del oído interno conllevan mal pronóstico para la preservación

de su funcionamiento. En infecciones virales, el pronóstico para la recuperación

de al menos algo de la audición es mejor que en infecciones bacterianas.

Sífilis

Definición

La infección sistémica por Treponema pallidum puede transmitirse por vía transplacentaria

(congénita) o adquirirse por contacto sexual. Tiene una evolución clínica

clásica que sucede en etapas, durante las que los sistemas auditivo y vestibular pueden

verse afectados.

Incidencia y datos epidemiológicos

La incidencia de sífilis es mayor en población no blanca urbana, de entre 20 y 24

años de edad. Hay una incidencia cada vez mayor entre homosexuales varones. Puede

observarse hasta en 7% de pacientes con presunta enfermedad de Méniére.1 7Hay hipoacusia

en 40% de enfermos con sífilis congénita, y en 80% de los que tienen neurosífilis.

Histopatología

Los cambios en el oído interno como resultado de la infección luética están bien

descritos. En la sífilis secundaria y terciaria, la principal lesión es osteítis de la cápsula

ótica. La inflamación es mediada por células inflamatorias mononucleares y causa

resorción ósea. Se acompaña por endarteritis obliterante de los vasos vecinos. En casos

graves, se encuentran gomas, consistentes en infiltrados linfocíticos, oclusión vascular,

y necrosis central, en la cápsula ótica. Secundaria a esta osteítis y vasculitis inflamatorias

hay degeneración de membranas laberínticas, hidropesía endolinfática y fíbrosis.

El sistema vestibular periférico también puede verse afectado durante la segunda

etapa de la sífilis, en cuyo caso están lesionados el octavo par craneal y el laberinto,

en una meningoneurolaberintitis fulminante.

Manifestaciones clínicas

La evolución clínica de la sífilis se ha dividido en dos etapas. La sífilis primaria,

que por lo común se observa en la forma adquirida, se caracteriza por un chancro en

la región del contacto sexual. La secundaria, que se presenta semanas después que el

chancro sanó, se caracteriza por diversas lesiones cutáneas y mucosas, así como síntomas

constitucionales. En esta etapa puede haber meningitis (menos de 3% de los

pacientes), y podría relacionarse con hipoacusia bilateral progresiva súbita y vértigo

que dura días. También pueden estar afectados otros órganos, como articulaciones,

hígado, riñones y ojos. La sífilis congénita temprana, que sucede en el primer año de

vida, se parece bastante a la etapa secundaria de la sífilis adquirida. La hipoacusia,

queratitis intersticial e incisivos con muescas (o dientes de Hutchinson) constituye la

tríada de Hutchinson, descrita en sífilis congénita temprana. Después de la resolución

de la fase secundaria, la sífilis pasa a la fase latente, durante la cual son raros los síntomas.

La sífilis terciaria, que tiene manifestaciones similares que la congénita tardía, da

síntomas años después de la infección inicial. Se caracteriza por granulomas gomatosos,

que pueden afectar cualquier órgano, pero tienden a ser más prominentes en los sistemas

mucocutáneo y musculosquelético. El sistema cardiovascular puede sufrir afección

grave (aortitis) al igual que el sistema nervioso central.

La neurosífilis está formada por lesiones meningovasculares y parenquimatosas.

La meningitis y la vasculitis crónicas pueden afectar el complejo del VIII par craneal.

Además, la enfermedad parenquimatosa, como la desmielinización (tabes dorsal), debilidad

motora y pérdida sensorial, afecta en forma adversa el equilibrio. La lesión del

oído interno durante la fase terciaria de la sífilis produce síntomas casi idénticos a los

encontrados en la enfermedad de Méniére. Si no se trata, la sífilis otógena tiene

una evolución más agresiva que aquélla, y por lo común afecta a ambos oídos y produce

sordera profunda. La exploración física revela signos concordantes con hipoacusia

neurosensorial y pérdida vestibular periférica. El signo de Hennebert (vértigo y nistagmo

con la aplicación de aire a presión a través del oído medio) y el fenómeno de

Tullio (vértigo y nistagmo causados por un ruido intenso) pueden relacionarse con sífilis

terciaria pero también se encuentran en otros trastornos (p. ej., enfermedad de

Maniere).

Estudios

La prueba Venereal Disease Research Laboratory (VDRL) es útil en casos de sífilis

primaria y secundaria temprana. Sin embargo, carece de suficiente sensibilidad para

usarse cuando se sospecha sífilis terciaria. En tales casos, se requiere la prueba de absorción

de anticuerpo treponémico libre (FTA-ABS) o una técnica de microhemaglutinación

(MHA-TP).

Tratamiento

El tratamiento de la sífilis otógena es algo controvertido. En general las infecciones

tempranas pueden tratarse sólo con penicilina, y las más avanzadas requieren penicilina

(u otro antibiótico) así como corticosteroides, con una duración variable (semanas a

meses).

Pronóstico

La sífilis otógena relacionada con infección en etapa terciaria puede ser difícil de

tratar, con mejoría en la audición y el vértigo en 38 a 50% de pacientes después de

farmacoterapia. Se requiere tratamiento intravenoso cuando las manifestaciones meningovasculares

se acompañan de pleocitosis de líquido cefalorraquídeo.

Causas Congénitas de Vértigo y desequilibrio con hipoacusia

Definición.
Las malformaciones congénitas de los componentes membranoso u osteomembranoso
del oído se deben a defectos en el desarrollo de éste durante la cuarta a la octava
semanas de gestación.
Incidencia.
La incidencia general de deformidades congénitas del oído interno no puede establecerse
de manera directa, pues en la actualidad sólo es posible identificar las anomalías
óseas del oído interno. Sin embargo, se sabe que la incidencia general de afección auditiva
congénita es de 1 en 1 000 nacidos vivos.7 2 7 3 76 La mayoría de esos pacientes (80
a 90%) no tiene anomalías radiográficas del oído interno y se cree que tienen las que
afectan sólo al componente membranoso del oído interno.
Causa.
Estudios en modelos animales de hipoacusia hereditaria, indican que los trastornos
congénitos del oído interno se deben a un defecto en los mecanismos genéticos que controlan
la organogénesis del laberinto.1 0 4 En la mayor parte de los casos humanos de
anomalías laberínticas óseas, al parecer este defecto genético es un fenómeno esporádico
que no afecta otros sistemas del cuerpo. Rara vez las mutaciones esporádicas originan
anomalías en más de un sistema orgánico, lo que causa una presentación sindrómica
(como síndromes de Pendred y DiGeorge).3 4 En la mayor parte de los casos los factores
que causan mutación genética son oscuros; sin embargo, se ha observado que productos
químicos (p. ej., talidomida) y procesos infecciosos (p. ej., rubéola, citomegalovirus
[CMV]) teratógenos producen anomalías del laberinto óseo, y rara vez se han identificado
tipos familiares de herencia.1 3 3 3 4 6 Las anomalías membranosas (degeneración
cocleosacular [de Scheibe]) por lo común se relacionan con modelos hereditarios de
afección auditiva.
Histopatología.
Jackler y sus colegas desarrollaron una clasificación lógica de las anomalías congénitas
del oído interno basada en la secuencia conocida de la organogénesis laberíntica
(cuadro l ) .  Este sistema de clasificación divide las anomalías en membranosas y
osteomembranosas. Estas últimas se subdividen con base en sus sitios anatómicos de
trastorno dentro del laberinto.
Manifestaciones clínicas
La hipoacusia es el principal síntoma de presentación en esta población de enfermos.
Puede ser congénita o presentarse en los primeros dos decenios de la vida. No se
ha comprobado bien la incidencia de disfunción vestibular en esta población de enfermos;
sin embargo, en un estudio grande, 20% de los individuos con anomalías congénitas
del oído referían vértigo o desequilibrio.
Investigaciones
Las anomalías congénitas de la cápsula ótica por lo común se diagnostican con CT
de alta resolución de hueso temporal, aunque las imágenes de MR T2-espin eco rápidas

Cuadro 1. Clasificación de anomalías congénitas del laberinto
Malformaciones del laberinto membranoso
Displasia membranosa completa
Displasia membranosa parcial
Cocleosacular (Scheibe)
Cóclea: vuelta basal (Alexander)
Malformaciones del laberinto membranoso y óseo
Aplasia laberíntica completa (de Michel)
Coclear
Aplasia
Hipoplasia
Separación incompleta (Mondini)
Cavidad común
Laberíntica
Displasia de conductos semicirculares
Aplasia de conductos semicirculares
Malformaciones del acueducto vestibular
Conducto auditivo interno estrecho o ancho


pueden ser más precisas en la valoración de ciertas anomalías (p. ej., síndrome de acueducto
vestibular ensanchado). Las anomalías en las pruebas vestibulares se encuentran
a menudo en pacientes que tienen deformidades congénitas del oído interno; sin embargo,
con frecuencia estos sujetos no manifiestan molestias relacionadas con la disfunción
vestibular.
Tratamiento
La amplificación auditiva, con prótesis convencionales o implantes cocleares, es
la base del tratamiento de estos enfermos. Está indicado el uso de supresores vestibulares
durante episodios agudos de vértigo. La rehabilitación vestibular ayuda a la recuperación
de los pacientes en caso de pérdida vestibular no compensada. A los sujetos con
anomalías osteomembranosas por lo común se les indica evitar las actividades que puedan
predisponerlos a los traumatismos cefálicos.
Pronóstico
En la actualidad hay estudios que comprueban la eficacia de los implantes cocleares
en esta población de enfermos. En ellos las molestias vestibulares son de resolución espontánea,
y los enfermos se adaptan bien a sus pérdidas vestibulares periféricas.

 

Different Forms of Tinnitus

1. Subjective tinnitus has many forms and may be
regarded as a group of disorders rather than a single
disorder.
2. There are a few objective ways to distinguish between
the different forms of tinnitus.
3. Tinnitus has been classified subjectively according
to:
(a) Intensity: Often using a visual analog scale or
loudness matching.
(b) Character: High frequency (like crickets), low
frequency (rumbling), tonal, pulsatile, constant,
or intermittent.
(c) Other features such as the ability to modulate
the tinnitus by manipulating their jaw, moving
their eyes, or applying pressure on neck
regions.
(d) Whether referred to one ear, both ears, or perceived
as being inside the head.
4. Some diseases, such as Ménière’s disease, are
accompanied with tinnitus; such tinnitus may be
different from other forms of tinnitus.
5. Some forms of tinnitus are associated with affective
disorders such as depression or phonophobia.
6. Subjective tinnitus is often accompanied by abnormal
perception of sounds, known as hyperacusis
(lowered tolerance for sounds) or hypersensitivity
to sounds.

Superantígenos de Staphylococcus aureus

Las toxinas pirogénicas superantígenos (PTSAg) son proteínas exocelulares de tamaños entre 22,5 y

28,5 kDa, ricas en aminoácidos hidrofílicos. S. aureus produce tres grupos de PTSAg:

1. enterotoxinas(SEs),

2. toxinas del síndrome del shock tóxico (TSST) y

3. exfoliatinas (ETs, toxinas exfoliativas o epidermolíticas) .

Cada molécula está constituída fundamentalmente por estructuras beta (conformaciones en las que el polipéptido se halla extendido), aunque también incluyan algunas estructuras de hélice alfa (conformaciones en las que el esqueleto de la proteína toma la forma de un muelle apretado). Adoptan una disposición de relativa soltura en la que una buena parte de su superficie queda expuesta al medio acuoso del organismo, permitiendo así su interacción con otras moléculas. Una característica común de las moléculas de las diferentes variantes antigénicas de SEs (pero no de otras PTSAg) es la presencia de un bucle disulfuro dentro del dominio terminal-NH2 que está implicado en las propiedades eméticas.

El término pirogénico hace referencia a su potencial para provocar fiebre, mientras que el término superantígeno (SAg) a su habilidad para estimular no específicamente a un número muy alto de linfocitos-T (colaboradores o CD4+) en el hospedador provocando la producción de citoquinas.

A diferencia de los antígenos convencionales, los SAg se unen a ciertas regiones de moléculas del complejo mayor de histocompatibilidad de clase II (MHC) de las células presentadoras de antígenos (APCs), fuera de la hendidura clásica de unión del antígeno, y concomitantemente se unen en sus formas nativas a los linfocitos-T colaboradores en puntos específicos de la región variable de la cadena beta (VB=Vβ) del receptor del linfocito-T (TCR). Esta interacción da lugar a la activación (proliferación) de los linfocitos-T diana y esto produce in vivo o in vitro la liberación de grandes cantidades de diversas citoquinas y otros efectores por parte de las células inmunes. Cada SAg interacciona específicamente con un particular grupo de motivos VB. De esta forma un SAg puede estimular al 30% de los linfocitos-T (CD4) a diferencia de un antígeno convencional que estimula a 1 de cada 105-106.

La acción final del SAg se traduce en la producción y liberación por parte de los linfocitos-T, de niveles excesivamente altos de interleucina 2 (IL-2), que normalmente actúa a nivel local, pero que cuando existen grandes cantidades, puede llegar al torrente circulatorio produciendo una variedad de síntomas como náuseas, vómitos y fiebre, además de un exceso en la producción de otras citoquinas (como el factor de necrosis tumoral y el interferón alfa) lo que en casos extremos puede provocar shock, insuficiencia multiorgánica, y muerte.

Los SAgs proporcionan a las bacterias una estrategia para contrarrestar al sistema inmune del hospedador por lo menos de tres maneras:

a) la generación de una respuesta inespecífica por parte del SAg dispersa la atención de la que habría sido una respuesta específica hacia el patógeno productor del SAg;

b) la capacidad del SAg para provocar una sobreproducción de citoquinas puede inducir apoptosis específica en los linfocitos T que tengan los TCR sobre los que actúa el SAg; y

c) la capacidad de inducir citotoxicidad celular dependiente de SAg podría eliminar células presentadoras de antígeno, no permitiendo de este modo la adecuada coestimulación de las células T.

Esta última estrategia sugiere que se podría aprovechar a estos SAgs como vía terapéutica en el tratamiento de enfermedades autoinmunes y en la erradicación de tumores que expresan moléculas CMH-II.

Los SAgs han sido referidos como “el bueno, el feo y el malo” en alusión a los tres tipos de acción que pueden desempeñar relacionados con la respuesta inmune. Así además de provocar fenómenos “feos” de toxicidad aguda por intoxicación alimentaria (SEs y en menor frecuencia TSST), la acción de los SAgs es relacionada con fenómenos “malos” por su implicación en casos de alteración de la respuesta inmune y de reactivación o aceleración de enfermedades de inmunodeficiencia (SIDA) o autoinmunes (esclerosis múltiple, la enfermedad de Kawasaki, o la alergia atópica). En este caso, experimentos con ratones han demostrado que la administración de SEA o SEB inducen una aceleración o reactivación de la enfermedad. Pero, además, los SAgs podrían llegar a desempeñar un papel “bueno” debido a su capacidad de generar una respuesta inmune deseada: aumentando la producción de determinados anticuerpos o también actuando de escudo protector contra el cáncer, debido a su intervención en terapias destinadas al establecimiento de una respuesta antitumoral. También en este caso, experimentos con ratones han probado que terapias combinadas de vacunas con células tumorales inactivadas y posterior tratamiento con SAgs fueron capaces de lograr el establecimiento de respuestas inmunes antitumorales en ratones sanos. En estos ensayos se logró más del 80% de supervivencia, prolongar la vida a toda la población (100%) y en algunos casos (20%) eliminar la presencia de tumores en ratones tratados con células tumorales activadas.

El grupo más numeroso y frecuente de PTSAg es el de las SEs. Hasta ahora, han sido reconocidas 18 SEs, serológicamente distintas, denominadas como A, B, C (con cinco variantes antigénicas C1, C2, C3 y Cbovina y Covina), D, E, G, H, I, (las tres últimas con variantes antigénicas) J, K, L, M, N, O, P, Q, R, y U, cada una de ellas es codificada por un gen que se denomina por el prefijo se seguido de la letra a la que corresponde la enterotoxina (sea-seu, inicialmente se denominaron ent). De algunos genes han sido encontradas diferentes variantes con pequeñas diferencias en la secuencia de  nucleótidos, que se denominan con un número de orden detrás del gen.

Tanto las SEs como sus genes presentan diferente grado de homología, y se ha propuesto la organización de parte de los genes en cuatro agrupaciones o clusters.

La toxina inicialmente descrita como SEF, no es una auténtica enterotoxina dado que no posee la capacidad biológica in vivo de las verdaderas SEs: no tiene efecto emético al carecer su molécula del bucle disulfuro y no es resistente a la pepsina. Por ser causante del SST ha pasado a denominarse TSST-1 (codificada por el gen tst). Al día de hoy se conocen las variantes ovina (TSSTov) cuya molécula difiere en 7 residuos de aminoácidos de la TSST-1; y la bovina (TSSTbov), que antigenicamente es igual a la TSST-1 humana pero el gen que la codifica difiere en 12 nucleótidos. Tanto SEs como TSSTs son termoestables y resistentes a la inactivación por proteasas. Las ETs (A, B, D de origen humano y C descrita en caballos) son antigénicamente diferentes pero comparten entre ellas propiedades biológicas y fisiopatológicas.

Presumiblemente, existen otros tipos de PTSAg pero está pendiente su identificación, conforme se secuencien -parcial o completamente- los genomas de nuevas cepas de S. aureus se describirán nuevos tipos. Por otro lado, está bien documentada la existencia de cepas con varios genes de PTSAgs. En algunos casos la presencia de varios genes (y producción de varias PTSAgs) es debida a su localización en un mismo elemento genético, en otros casos se debe a la acumulación de elementos genéticos diferentes en una misma célula bacteriana.

CUERPO EXTRAÑO EN ORL

Los cuerpos extraños en el área ORL pueden suponer una
urgencia vital, atendiendo a su localización, tipo de cuerpo
extraño y edad del paciente. Aunque la mortalidad ha descendido
de forma notable, la morbilidad no es despreciable. En
menores de 6 años, la inhalación de cuerpos extraños es la
causa de muerte doméstica más frecuente.
En los niños los cuerpos extraños pueden presentarse tras
la ingesta o el juego, y en adultos suelen tener relación con la
ingesta.
La localización laringotraqueobronquial es la más frecuente
en la edad infantil, y entre el año y los 3 años más del 90% se
localizan a nivel bronquial. Las manifestaciones clínicas difieren
según la localización y la naturaleza del cuerpo extraño.
Los cuerpos extraños que se localizan en la faringe y el
esófago son, en su mayoría, de naturaleza alimentaria, y en
pacientes menores de 10 años son más frecuentes las piezas
de juguetes. En la región laringotraqueobronquial, los alimentos
(cacahuetes, pipas, almendras) son los más habituales a
cualquier edad.
La localización del cuerpo extraño depende de su naturaleza
y tamaño. Si tiene aristas o pinchos es más frecuente la
faríngea. Si son pequeños y de bordes redondeados es más
probable que se localicen a nivel traqueobronquial.
La sintomatología es variable y depende de la localización.
En localización faringoesofágica provocan molestias
dolorosas tras su ingesta. Este dolor puede ir acompañado de
disfagia de grado variable en función del tamaño del cuerpo
extraño y del espasmo que produzca. En niños los síntomas de
los cuerpos extraños faringoesofágicos suelen ser más solapados,
e incluso pueden cursar de forma asintomática.
A nivel laringotraqueobronquial, la inhalación de un cuerpo
extraño presenta tres fases:
1. Entrada del cuerpo extraño en la vía aérea superior. Esta
fase se puede subdividir en función de las manifestaciones
clínicas que presente el paciente:
a) Disnea aguda, ue sin maniobras urgentes puede provocar
la muerte del paciente.
b) Insuficiencia respiratoria importante, con cuadro de
ansiedad y tos que se agrava con el tiempo si no se procede
a instaurar tratamiento de inmediato.
c) Insuficiencia respiratoria leve.
d) Tos irritativa, como consecuencia de la presencia del
cuerpo extraño.
2. Inmovilización del cuerpo extraño, con síntomas que varían
en función del tipo de cuerpo extraño (asintomático -
disnea).
3. Complicaciones, principalmente infecciosas. Suelen aparecer
si la inhalación ha pasado desapercibida y las manifestaciones
clínicas son mínimas.
1. Si sospecha la presencia de un cuerpo extraño, el siguiente
paso, siempre que no exista riesgo para la vida del paciente,
consiste en realizar una exploración de la vía aerodigestiva
superior para intentar localizarlo.
2. Si se localiza el cuerpo extraño y es accesible, se realiza una
extracción en el momento, empleando unas pinzas adecuadas,
para lo cual es necesaria la colaboración del paciente.
3. Si no fuera posible obtener la colaboración del paciente o el
cuerpo extraño no es accesible, se procede a su extracción bajo
sedación o anestesia general.
Si el cuerpo extraño no es visible se realiza una radiografía
simple de cuello y/o tórax, pero sólo se visualizará si es radiopaco.
Si a pesar de estas maniobras no se localiza el cuerpo extraños
necesario realizar una exploración con anestesia general
(faringoesofágica y laringotraqueobronquial). Otra alternativa
consiste en aplicar una observación atenta, y actuar ante la aparición
de fiebre u otro tipo de complicaciones.
4. Mediante maniobra digital procura descartarse la localización
faríngea, y una vez descartada se practica la maniobra de
Heimlich.
5. Se aplica oxigenoterapia y se realiza una laringoscopia para
determinar la permeabilidad faríngea. Si el cuerpo extraño se
localiza en la faringe o la supraglotis, hay que intentar extraerlo
durante la laringoscopia. Si se localiza inferiormente y es factible,
se realiza intubación y laringoscopia o broncoscopia. Si a
pesar de la oxigenoterapia el paciente sigue en riesgo vital, se
realiza una traqueotomía y la posterior extracción del cuerpo
extraño.

Otorrinos 2do

Otorrinos 2do

EL PACIENTE COFÓTICO

La sordera es una de las discapacidades más mutilantes para el
ser humano, motivo por el que en los últimos años se trabaja
duro para paliar esta deficiencia. Debemos diferencias entre la
sordera infantil y la del adulto,ya que la estrategia terapéutica
difiere diametralmente.
No es objetivo de este capítulo establecer las causas, la clasificación
ni el diagnóstico de la hipoacusia, pero efectuaremos algunas
reseñas sobre estos temas. El 80% de las sorderas infantiles
permanentes están presentes en el momento del nacimiento. La
sordera infantil profunda en España corresponde a 1 por 1.000
recién nacidos. El 50% de los recién nacidos con sordera no tiene
factores de riesgo al nacer. Según el grado, las hipoacusia pueden
diferenciarse en leves (20-40 dB), medias (41-79 dB), graves
(71-90 dB) y profundas (>91 dB), y puede establecerse el término
de cófosis para hipoacusias de más de 80 dB.
En España existen alrededor de un millón de personas afectas
de una discapacidad auditiva, unas 100.000 de ellas con sordera
profunda.
La actuación terapéutica dependerá, obviamente, de si se trata
de un recién nacido, un niño o un adulto. Otro aspecto importante
es la evaluación auditiva de ambos oídos, es decir, la presencia
de cófosis en uno o ambos oídos, ya que también diferirá
el tratamiento.
Ante un recién nacido que presenta cófosis, la hipoacusia profunda
suele ser bilateral. El siguiente plan de actuación es válido
también para sorderas diagnosticadas en la edad infantil y
la adolescencia.
1. En el caso de afectación unilateral, es necesario ajustar una
prótesis auditiva en el oído afecto e iniciar de forma temprana
el trabajo logopédico de rehabilitación para conseguir un buen
desarrollo del lenguaje. En éste, como en todos los casos, el
estrecho seguimiento por parte del especialista en ORL y el
profesional rehabilitador es fundamental y obligatorio, ya que
suele tratarse de hipoacusias progresivas.
2. En la cófosis bilateral, el tratamiento es, actualmente, indiscutible:
el implante coclear.
3. En el caso de los adultos, existe un factor determinante
para el tratamiento de la cófosis: el momento de aparición,
ya que diferirá si la persona presentó un desarrollo del lenguaje
aceptable, o por el contrario la cófosis apareció antes
de la adquisición de éste. En la cófosis unilateral de aparición
tardía, con un lenguaje correcto, el primer paso consiste
en procurar la adaptación protésica y valorar su rendimiento.
Si éste es malo o nulo, está indicada la implantación
coclear.
4. Si la cófosis es bilateral, se procede al implante coclear. Hoy
día se dispone también de otro dispositivo implantable para
casos seleccionados de cófosis bilateral: el implante de tronco
cerebral. Está aceptado para casos de neurofibromatosis 2,
aunque es un tema en constante revisión y se están ampliando
sus indicaciones.
En resumen, el tratamiento para la cófosis unilateral
consiste en la adaptación protésica y la valoración de su
rendimiento, para más adelante evaluar la indicación del
implante coclear. En el caso de la cófosis bilateral, se opta
por el implante coclear o, en casos seleccionados, el de tronco
cerebral.
Bibliografía
DE SEBASTIÁN G. Audiología práctica, 5.a ed. Madrid: Médica Panamericana,
1999.
MANRIQUE M, HUARTE A, Implantes cocleares. Barcelona: Masson, 2002.
MARCO J , MATÉU S. Libro flanco de la hipoacusia. Detección precoz de la
hipoacusia en recién nacidos. Madrid: Ministerio de Sanidad y Consumo,
Secretaría General Técnica, CODEPEH, 2003.
La sordera es una de las discapacidades más mutilantes para el
ser humano, motivo por el que en los últimos años se trabaja
duro para paliar esta deficiencia. Debemos diferencias entre la
sordera infantil y la del adulto,ya que la estrategia terapéutica
difiere diametralmente.
No es objetivo de este capítulo establecer las causas, la clasificación
ni el diagnóstico de la hipoacusia, pero efectuaremos algunas
reseñas sobre estos temas. El 80% de las sorderas infantiles
permanentes están presentes en el momento del nacimiento. La
sordera infantil profunda en España corresponde a 1 por 1.000
recién nacidos. El 50% de los recién nacidos con sordera no tiene
factores de riesgo al nacer. Según el grado, las hipoacusia pueden
diferenciarse en leves (20-40 dB), medias (41-79 dB), graves
(71-90 dB) y profundas (>91 dB), y puede establecerse el término
de cófosis para hipoacusias de más de 80 dB.
En España existen alrededor de un millón de personas afectas
de una discapacidad auditiva, unas 100.000 de ellas con sordera
profunda.
La actuación terapéutica dependerá, obviamente, de si se trata
de un recién nacido, un niño o un adulto. Otro aspecto importante
es la evaluación auditiva de ambos oídos, es decir, la presencia
de cófosis en uno o ambos oídos, ya que también diferirá
el tratamiento.
Ante un recién nacido que presenta cófosis, la hipoacusia profunda
suele ser bilateral. El siguiente plan de actuación es válido
también para sorderas diagnosticadas en la edad infantil y
la adolescencia.
1. En el caso de afectación unilateral, es necesario ajustar una
prótesis auditiva en el oído afecto e iniciar de forma temprana
el trabajo logopédico de rehabilitación para conseguir un buen
desarrollo del lenguaje. En éste, como en todos los casos, el
estrecho seguimiento por parte del especialista en ORL y el
profesional rehabilitador es fundamental y obligatorio, ya que
suele tratarse de hipoacusias progresivas.
2. En la cófosis bilateral, el tratamiento es, actualmente, indiscutible:
el implante coclear.
3. En el caso de los adultos, existe un factor determinante
para el tratamiento de la cófosis: el momento de aparición,
ya que diferirá si la persona presentó un desarrollo del lenguaje
aceptable, o por el contrario la cófosis apareció antes
de la adquisición de éste. En la cófosis unilateral de aparición
tardía, con un lenguaje correcto, el primer paso consiste
en procurar la adaptación protésica y valorar su rendimiento.
Si éste es malo o nulo, está indicada la implantación
coclear.
4. Si la cófosis es bilateral, se procede al implante coclear. Hoy
día se dispone también de otro dispositivo implantable para
casos seleccionados de cófosis bilateral: el implante de tronco
cerebral. Está aceptado para casos de neurofibromatosis 2,
aunque es un tema en constante revisión y se están ampliando
sus indicaciones.
En resumen, el tratamiento para la cófosis unilateral
consiste en la adaptación protésica y la valoración de su
rendimiento, para más adelante evaluar la indicación del
implante coclear. En el caso de la cófosis bilateral, se opta
por el implante coclear o, en casos seleccionados, el de tronco
cerebral.
Bibliografía
DE SEBASTIÁN G. Audiología práctica, 5.a ed. Madrid: Médica Panamericana,
1999.
MANRIQUE M, HUARTE A, Implantes cocleares. Barcelona: Masson, 2002.
MARCO J , MATÉU S. Libro flanco de la hipoacusia. Detección precoz de la
hipoacusia en recién nacidos. Madrid: Ministerio de Sanidad y Consumo,
Secretaría General Técnica, CODEPEH, 2003.