Laberintitis


El estado inflamatorio del contenido membranoso de la cápsula laberíntica
se denomina laberintitis. Esta inflamación, según los textos
clásicos, puede ser primaria, lo cual es raro, o ser una complicación del
infecciones que afectan al oído medio, a las meninges o a una enfermedad
sistémica. La inflamación del laberinto es bien conocida desde hace
más de dos siglos, pero es en la última mitad del siglo xix cuando se establecen
los distintos cuadros clínicos y se realizan estudios histopatológicos
de temporales de autopsias de enfermos que habían padecido
una laberintitis.

PUNTOS CLAVE

• Los gérmenes o sus toxinas pueden alcanzar el oído a través del

conducto auditivo interno (CAI), el acueducto coclear, la circulación

arterial laberíntica, la ventana redonda o las fístulas laberínticas.

• La inflamación del laberinto produce síntomas vestibulares y auditivos.

Los primeros son, por lo general, autolimitantes y con el

paso del tiempo no dejan síntomas. Los síntomas auditivos son

casi siempre permanentes y dejan una hipoacusia como secuela.

• La meningitis bacteriana es una causa frecuente de sordera y se

debe tratar con antibióticos de forma enérgica.

• El citomegalovirus y el virus de la rubéola son agentes que pueden

lesionar la cóclea y producir otras malformaciones en el período

prenatal.

• La sordera súbita idiopática se produce posiblemente por virus o

por una reacción autoinmune a los mismos. El tratamiento con

corticoides es eficaz en muchos casos.

• La hidropesía endolinfática tardía es probablemente una secuela

tardía de una neurolaberintitis.

• El virus del herpes zóster, que es una reactivación de un herpesvirus,

produce una afectación del VII y VIII pares.

• Hoy día la otitis luética no es frecuente, pero la debemos considerar

al establecer el diagnóstico diferencial con otros tipos de sordera

y manifestaciones vestibulares.

• En las laberintitis producidas por infecciones del oído medio, sobre

todo en las otitis agudas o subagudas, de niños y adultos y en las

fístulas laberínticas de diverso origen, pero especialmente colesteatomatoso,

no debe dudarse en establecer un tratamiento quirúrgico.

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